Un terremoto como el que ha ocurrido en Japón es una desgracia para la humanidad. No solamente por las personas desaparecidas y las condiciones de vida perdidas en el país que sufre esa catastrofe, sino que, además, este golpe es especialmente duro por ser Japón quien lo ha sufrido y por el momento económico en el cual se produce.
Japón es el país con la administración más endeudada del mundo, un país bastante envejecido y con una dificil capacidad de generar recursos para afrontar un shock exterior como el que acaba de sufrir. Es decir, para recuperarse de este golpe va a requerir necesidades financieras exteriores en un momento en que la mayor parte del mundo desarrollado está buscando refinanciar parte de sus programas de deuda, publica y privada. Con lo cual no sería extraño ver que colocar deuda (cualquier deuda) fuera mucho más caro y por tanto, lo más probable es que se sufran tensiones en este sentido.
Pero no es el único problema. El maremoto se ha llevado por delante una de las centrales nucleares que abastecen de energía a Japón. Quiza algunos no lo sepan, pero el archipielago nipón es un autentico vampiro de energía, y si, como ha ocurrido ahora, pierde alguna de sus fuentes de autogeneración, para mantener la actividad tendrá que tirar de fuentes alternativas, y la que más a mano está, lógicamente, es el petroleo. En un momento en que la guerra civil libia parece alargarse, y con ella, los precios altos de los productos derivados del crudo, otro tirón de la demanda para sustituir a la central nuclear dañada, va a suponer más tensiones inflacionistas sobre la economía europea y un sostenimiento de precios altos del petroleo durante un plazo mayor.
Es decir, mayor inflación, con un Banco Central Europeo en una senda alcista de tipos de interés, mayores gastos improductivos, en forma de interés de deuda, para todos los paises desarrollados, detrayendolos de gastos que generen mayor dinamismo ecónomico. Parece que el tsunami económico va a ser más importante que el tsunami físico que creo el terremoto que ha sufrido Japón, a no ser que se obligue a aumentar la producción preventivamente a los productores de petroleo y que la reconstrucción de esta parte de Japón sea financiada fuera de los mercados de deuda globales, vía Banco Mundial u otras instituciones. Entonces, quizá podríamos evitar un parón en la recuperación del año 2011.
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