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jueves, 20 de enero de 2011

Delenda est Carthago

Se tiene la sensación, con la actual crisis de Tunez, que en estos momentos pasa igual que estaba ocurriendo hace un mes: no sabemos exactamente lo que pasa dentro del país más allá de las noticias que nos pasan los medios de comunicación.

Hace un mes, Tunez se tenía por uno de los estados más estables e inmutables del norte de Africa. Cualquiera que hubiera pasado por allí (y hay bastantes españoles que han pasado por este país), se daba cuenta de que estaban en un país que era una ferrea dictadura, donde la presencia policial estaba en la calle de forma más o menos visible, y que alrededor del país se veía un cierto malestar en el sentir de la población. Si se viajaba tierra adentro, y se salía de los habituales circuitos turísticos, se veía más miseria de lo que estamos acostumbrados a ver.

Las guias nos decian que estabamos ante uno de los países con mayor nivel educativo de Africa, laico y con un respeto a los derechos de la mujer que los occidentales no esperaríamos en un país arabe.

Bien, ahora de repente, se ven manifestaciones de gente, robos, peticiones de justicia, peticiones de venganza, ajustes de cuentas y participación de una parte de la oposición en el gobierno. Vemos como un ministro del gobierno, bloguero, se dedica a transmitir en directo las deliberaciones del consejo de ministros (ojo, confundiendo transparencia con exhibicionismo), se pide la cabeza de todo lo anterior, y desde Europa se ve esto como una revuelta de los jovenes sin futuro.

¿Y si, los jovenes sin futuro, no fueran más que la mecha? ¿Y si esto fuera un ajuste de cuentas internas en un momento de crisis y debilidad? Sinceramente, la opinión segunda parece más razonable, porque tiene pinta de que esto ha sido un enfrentamiento entre las fuerzas represivas del ejercito y la policia. Y la evolución puede ser peligrosa si no se plantea una transición en la que el partido único, el partido de la dictadura, sea borrado de las instituciones por los votos emitidos en una democracía, no por un decreto gubernamental para dar gusto a las ansias de justicia o de venganza.

Porque a las fieras acorraladas, si no se les da una salida, se vuelven contra sus acosadores. Y un 10 % de la población con armas y dependiendo su futuro de la estructura gubernativa dictatorial es un porcentaje muy peligroso como para no darles una salida, que perfectamente puede ser un precipicio o una jaula, pero gestionada con inteligencia. Porque una democracia laica y con alto nivel de educación en un país de mayoría islamica será un ejemplo de convivencia para todo el mundo, y un ejemplo de civilización normalizada.

Si no se enfoca así, quizá la frase de encomienda del Senado romano a sus generales en todas y cada una de las guerras púnicas, vuelva a ser invocado una vez más, pero esta vez inconscientemente, por las acciones de los propios tunecinos.

lunes, 10 de enero de 2011

De la peligrosa degradación de la opinión

Empieza a ser preocupante como últitmamente se califica como interesante cualquier cosa públicada en cualquier lugar, simplemente porque detras del artículo esté alguién que alguna vez ha dicho o ha hecho algo inteligente. Estamos cerca de volver a recuperar una institución que se descarto ya hace más de trescientos años de la mayoría de las instituciones académicas serias y algo menos de la opinión pública en general: el témido y autoritario argumento de autoridad.

Y es que empezamos a tener opinadores globales. Nos recuerda a aquella sintesis del mal político que se nos describía en un articulo anonimo del siglo XIX: de lo que no sabe, opina; de lo que conoce algo, da lecciones y de lo que realmente sabe, no admite que se le contradiga. Y así estamos, pero a peor.

Uno de los problemas es opinar de lo que no se conoce. Para ello, primero se debería intentar saber de lo que se habla, leer opiniones fundamentadas a favor y en contra, ver cuales son aquellas que nos van a permitir fundamentar una opinión y entonces opinar.

Entonces estaríamos en la segunda fase: se conoce algo. Con ciertos conocimientos, no se deben dar lecciones, se deben ofrecer opiniones, propuestas para posteriormente mejorarlas bajo el dialogo sincero y llegar a una cierta conclusión (o no), pero desde luego, que sirva para enriquecer el debate.

Si finalmente, tras mucho debatir, leer, escribir y contrastar con otros, se llega al grado de conocimiento que permita situarte a nivel de experto, hay que desear que nos contradigan. Dicho débate nos hará más fuerte, reforzara nuestros prestigio y servira para aprender.

Pero para llegar a este tercer nivel, que prácticamente es imposible, hay que empezar por un primer paso. Y sin embargo, en la mayoría de los casos se sueltan opiniones sin contrastarlos con datos o un análisis pausado. Se sueltan opiniones sustentadas en grandes principios, pero sin desgranarlos estos en principios simples que permitan una mejor visión de la realidad.

Así, por ejemplo. cuando alguien se permite opinar que una ley que defiende a unos ciudadanos que esta pagando sus impuestos frente a un grupo de personas al margen de la ley que venden un producto adulterado es una ley de parte, es que o no ha querido adquirir la información suficiente o esta deslizándose peligrosamente hacia la demagogía.

O bien, cuando la obsolescencia de una forma de negocio se utiliza para justificar un modelo de actuación fuera de la legalidad se estan confundiendo la defensa de las libertad con la defensa de la ley del más fuerte. Lo más curioso es que en esta batalla, como en todas, hay idealistas que lo único que hacen es defender las plusvalias de una parte de la cadena de producción frente a otra parte de la cadena. A la larga, puede que cambiemos unos oligopolistas por otros, y los consumidores, en medio.

martes, 4 de enero de 2011

Un par de sintomas, un posible diagnostico

La semana pasada cerró CNN+, el canal de noticias que pertenecía a Prisa y que se había convertido en un cierto referente de la calidad de la información en España, y hasta cierto punto, en uno de los pocos aportados de la pluralidad moderada que tenía que ser la norma y no la excepción de este país.

La causa era económica, estabamos ante un canal de excasa rentabilidad según sus gestores. No hay nada que objetar al tema, puesto que aunque algunos no lo crean, la industría de medios de comunicación y cultural es eso, una industría, que no puede vivir del aire. Lo que ocurre es que es muy curioso lo que ocurrió cuando ceso la emisión el canal: los nuevos propietarios del espectro lo sustituyeron por Canal Gran Hermano 24 horas. Hemos sustituido 24 horas de noticias por 24 horas de voyeurismo. Sinceramente, hubiera preferido un canal pornográfico 24 horas (codificado, dado que la ley prohibe dichos contenidos en abierto), ya que puestos a ser chabacanos, seamoslos sin tapujos. Seguramente, entonces hubiera sido rentable, miremos sino la cantidad de canales locales que se nos dedican a meter anuncios de contactos y videos más o menos eróticos.

Otro asunto es que la nueva RTVE ha presentado un déficit de explotación de 60 millones de euros. Con esta media, en 15 años volvemos otra vez a un nivel de deuda similar al que tenía antes de la reestructuración. Probablemente, una de las decisiones de los gestores públicos, copiando a los privados, es cerrar el canal 24 horas de noticias y cambiarlo por 24 horas de concursos, históricos o no, de TVE. Pero no joyas clásicas como el 1,2,3 o El tiempo es oro. No, para atar a una audiencia que suponemos chabacana, mejor es poner No te rías que es peor y cosas de ese estilo.

Después de este ejercicio de sarcasmo, hay que analizar las situaciones y dar respuesta. La nueva RTVE no puede dar en perdidas, pero tampoco se puede plantear una solución que pase por imponer tasas a todo aquello que tiene que ver con el sector de las telecomunicaciones o el sector audiovisual. Particularmente, orientar el uso de la tasa del espectro para pagar el déficit de RTVE nos parece un error, porque dicha tasa, cobrada por el Estado, debe suponer una mejor gestión del espectro (como bién escaso) y para un mantenimiento de unas mejores infraestructuras de telecomunicación. El déficit de RTVE se debería pagar por aquellos que la ven (la parte comercial) y por el Estado (la parte de servicio público). Es decir, una tasa directa a los ciudadanos poseedores de un aparato de TV para aquellos servicios no considerados de servicio público y por tanto, prescindibles (ejemplo, las pelicualas de la noche de los grandes estudios) y el resto (los telediarios).

Respecto al tema CNN+, creemos que las autoridades deberian ejercer un control más estricto en las concesiones televisivas, y en las mismas, de igual manera que se fijan unos contenidos mínimos de producción propia o bien de emisiones de producción nacional, quizá debería fijarse que los informativos también son servicio público y que merecen su canal, sobre todo con respeto. Y la sostenibilidad económica ya no es excusa, para eso se han permitido unas fusiones que, al entender de algunos expertos, bordean la libre competencia.

Y aunque lo parezca, este no ha sido un post inspirado en el Dr. Gregory House.