Ayer, en el Consejo de Ministros, se tomaron una serie de medidas para el ahorro energético. La más destacada es la reducción de la velocidad máxima de circulación, que ha dejado de ser de 120 Km/h a 110 Km/h. A esto se suman una serie de rebajas en el precio del transporte público, para evitar el consumo de combustibles por parte de particulares, fomentando el uso de los mismos.
Las estimaciones realizadas hablan de un ahorro de unos 1.500 millones de euros al mes, con una reducción de la recaudación de unos 250 millones de euros para las administraciones públicas (vía impuestos), a lo cual hay que sumar la reducción en el precio de los billetes, que en función de la cuantía, desconocida, puede resultar en el mejor de los casos de nulo efecto recaudación.
La pregunta que tenemos que realizarnos es si la infraestructura de transporte esta preparada para este cambio. Es decir, no creo que sea criticable bajar la velocidad si se demuestra que se ahorra en la factura energética y que el impacto que puede suponer en tiempos de retraso a la labor productiva no supone empeorar las posibilidades de crecimiento. Es decir, si evaluada en general el impacto positivo. Pero, lo que habría que plantearse es que, en realidad, para mejorar la eficiencia energética el problema no es tanto la velocidad de los particulares en las autovias y autopistas, sino quiza el transporte de mercancias por carretera (que no se va a encontrar afectado por la reducción de velocidades máximas) y la red de transporte ciudadano a media distancia (donde no existe sustitituvo al automóvil en muchísimas ocasiones). Sin mejorar esos dos fundamentos, la medida de reducción de velocidad, aún siendo buena, puede no ser todo lo efectiva que en principio podría parecer. Es muy conveniente plantearse la revisión del plan de infraestructuras bajo los criterios de eficiencia energética, priorizando ciertas líneas u actuaciones que tendrán un importante impacto en la factura petrolera que paga España.
Tampoco queda afectada el tráfico urbano o interurbano de corta distancia, porque los límites de velocidad y la ineficiencia energética por los atascos, quedan sin tocar con las medidas del gobierno. Ahora bien, creo que ahí se estan estudiando medidas con los municipios, donde si se podrá mejorar la eficiencia energética.
Queda otro apartado importante. Y es la eficiencia del tejido productivo, sobre todo aquel que se basa en derivados del petroleo. Ahí si que habría que plantear un plan de futuro, imponiendo un mínimo de efectividad en la producción y rendimiento en los procesos para ahorrar en la factura energética del país.
Hay que partir de un hecho evidente: España es un país que no tiene materias primas relacionadas con la energía que le permitan tirar de las reservas, tiene capacidades medias en renovables que, desgraciadamente, tienen una eficiencia baja. Si no mejoramos el rendimientos de estas (vía investigación) y reformamos el mix energético para no depender tanto de esas materias primas, quiza algún día habrá que ordenar parar ciertos vehiculos, y no creemos que eso nadie lo quiera.
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