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martes, 14 de diciembre de 2010

La inacabable modernización española

En la historia de España es recurrente el ejercicio desde muchos ámbitos, académicos, empresariales y políticos, de reflexión y propuesta de actuaciones para la necesaria modernización de España y de su modelo económico. En algunas ocasiones, con más o menos fortuna, se han ejecutado medidas que han supuesto avances. Pero sin embargo, el debate vuelve a surgir al cambio de un tiempo, con una visión de tiempo perdido, y de que no se ha terminado la modernización.

Sinceramente, creemos que ese es el principal problema: pensar que el proceso de modernización es un proceso que tiene un final, no un proceso dinámico y atemporal, que abarca más tiempo que la vida de los proponentes. España no es diferente en la modernización que el resto de los países, pero si lo es en la voluntad de la permanente realización de reformas y de la evaluación.

Debe ser el espiritu constante de mejora y de revisión el que debe guiar la evolución de la economía y la sociedad españolas. Por eso, el proceso de modernización española no se puede terminar nunca, puesto que España no se encuentra cerrada y aislada en un sistema sin influencias exteriores, sino que se encuentra en un sistema abierto, relacionado con el mundo, de manera que sus avances tienen influencia en el entorno cercano, tanto en su competitividad como en su evolución social.

Es momento de renunciar al individualismo y evolucionar hacia un modelo cooperativo, sin poner la esperanza en soluciones milagrosas y corto placistas. El proceso de modernización españaola es, como se dice en el titulo, un proceso inacabable, con constantes revisiones y avances, y mientras no se entienda esa atemporalidad intrinseca, podemos seguir gastando recursos en innovación cuando la economía florece, porque es la última moda, y ser austeros hasta la misería y la innanición de nuestra modernización cuando estamos en procesos recesivos, porque cuando no hay, es momento de ahorrar.

Sin la existencia de un relato de país que prescinda de personalismos y salvadores, que entienda el valor de la cooperación y el aprendizaje permanente, que comprenda que para mejorar hay que comparar y conocer soluciones y errores planteados por otros países, creando una red de contactos y sobre todo, con mucha humildad, sabiendo que no todos somos iguales, pero que sin embargo, debemos ayudarnos a optimizar nuestras potencialidades, sin la presencia de este relato, España seguira frustándose en la busqueda de soluciones mágicas que, en el mejor de los casos, darán respuesta a una generación.

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